Empezar
Con la muerte de Kuriko. Ella, que no pudo amar bien hasta que le llegó el ocaso.
Con la muerte de la señora Coronel. Ella, que no era más que piel y hueso (a diferencia de Kuriko, que existe en el papel). Ella, que era la luz que parecía nunca iba a extinguirse.
Empezar distorsionando la realidad: evadiéndola.
Empezar extrañando. Con insomnio.
Con las pastillas azules para dormir. Malditas, eternas.
Empezar con la familia.
Con pocas palabras. Con mil imágenes.
Pero sobre todo empezar (otra vez) con esos enormes ojos miel, al parecer, cada año más vivaces.
(Al menos esos ojos sonríen).
Empezar bien, entonces.
¡Salud por el comienzo y por las palabras que lo acompañan! Que sigan fluyendo y entrelazándose con las mías, con las de otros durante los próximos 12 meses. Un abrazo enorme
ResponderEliminarp.d. Me gusta el nuevo diseño. Parece que me invitas a tu casa a recorrer habitaciones y silencios y recuerdos e historias...
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