Sé que aún te debo la otra cara de la promesa.
Te extraño.
Un regalito: http://www.youtube.com/watch?v=bAK2J05Vmhc
jueves, 21 de abril de 2011
martes, 5 de abril de 2011
4 de abril
F llegó corriendo a casa de B y se detuvo frente a la puerta a eso de las 8:45 de la noche.
Durante la primavera, casi siempre a esa hora y cuando no está nublado, el cielo, de un azul oscurísimo, conserva aún un tono rosado en la franja que acaricia los cerros.
F se quedó inmóvil frente a la puerta durante al menos veinte minutos. No pasó absolutamente nada: Fue incapaz de tocar.
Sin hacer un solo ruido, recogió sus cosas del suelo y se fue corriendo en dirección a su casa.
B nunca se enteraría.
A la mitad del camino, F dejó de correr, pues se le acalambraron las piernas de súbito. Comenzó a caminar despacio, limpiándose las lagrimas con los bordes del suéter y arrastrando la mochila por el suelo húmedo apenas.
Pensó en el día que le dijo a B por primera vez que le amaba.
Fue la madrugada del veintiuno de marzo. Ambos debajo de las cobijas y ella intentando detener un llanto inexplicable. B la tocaba con cuidado, sin saber que más se podía hacer. De pronto F lo detuvo, se paró de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro. Pasaron unos minutos antes de que lograra calmarse y sentarse en la orilla, junto a B.
F: ¿Te puedo decir algo horrible?
B asintió nervioso.
F: Creo que te amo. Es cierto, te amo.
B: Es la cosa horrible más linda que me han dicho jamás.
Dejaron pasar lo que quedaba de noche y a las seis, más o menos, B comenzó a despedirse.
F: Algún día ¿vas a decírmelo?
B: Cuando amanezca.
B salió corriendo.
Al instante, cantó un gallo.
F corrió hasta la puerta y la abrió precipitadamente: B no estaba ahí.
Cuando F llegó a su casa a eso de las 9:30, había desaparecido la franja rosa en el cielo.
Antes de entrar, pensó que, tal vez, si a las 8:45 hubiera decidido tocar a la puerta de B, no habría sido tan malo, pero no había podido olvidar la voz dulzona de A:
-No hagas locuras. Te quiero.
F entró a su casa y pensó que de cualquier manera, la promesa que traía consigo la lluvia, se la había llevado el viento.
Durante la primavera, casi siempre a esa hora y cuando no está nublado, el cielo, de un azul oscurísimo, conserva aún un tono rosado en la franja que acaricia los cerros.
F se quedó inmóvil frente a la puerta durante al menos veinte minutos. No pasó absolutamente nada: Fue incapaz de tocar.
Sin hacer un solo ruido, recogió sus cosas del suelo y se fue corriendo en dirección a su casa.
B nunca se enteraría.
A la mitad del camino, F dejó de correr, pues se le acalambraron las piernas de súbito. Comenzó a caminar despacio, limpiándose las lagrimas con los bordes del suéter y arrastrando la mochila por el suelo húmedo apenas.
Pensó en el día que le dijo a B por primera vez que le amaba.
Fue la madrugada del veintiuno de marzo. Ambos debajo de las cobijas y ella intentando detener un llanto inexplicable. B la tocaba con cuidado, sin saber que más se podía hacer. De pronto F lo detuvo, se paró de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro. Pasaron unos minutos antes de que lograra calmarse y sentarse en la orilla, junto a B.
F: ¿Te puedo decir algo horrible?
B asintió nervioso.
F: Creo que te amo. Es cierto, te amo.
B: Es la cosa horrible más linda que me han dicho jamás.
Dejaron pasar lo que quedaba de noche y a las seis, más o menos, B comenzó a despedirse.
F: Algún día ¿vas a decírmelo?
B: Cuando amanezca.
B salió corriendo.
Al instante, cantó un gallo.
F corrió hasta la puerta y la abrió precipitadamente: B no estaba ahí.
Cuando F llegó a su casa a eso de las 9:30, había desaparecido la franja rosa en el cielo.
Antes de entrar, pensó que, tal vez, si a las 8:45 hubiera decidido tocar a la puerta de B, no habría sido tan malo, pero no había podido olvidar la voz dulzona de A:
-No hagas locuras. Te quiero.
F entró a su casa y pensó que de cualquier manera, la promesa que traía consigo la lluvia, se la había llevado el viento.
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